26 de mayo de 2026

Muere Sonny Rollins, gigante del jazz y leyenda del saxofón, a los 95 años

Sonny Rollins, uno de los saxofonistas más influyentes del jazz moderno, murió a los 95 años en su casa de Woodstock, Nueva York. Su fallecimiento cierra una vida artística marcada por la improvisación, la búsqueda constante y un sonido que redefinió el papel del saxofón tenor durante más de medio siglo.

El coloso del saxofón

Rollins fue conocido como el “coloso del saxofón”, un sobrenombre ligado tanto a su fuerza interpretativa como a su disco Saxophone Colossus, publicado en 1956. Desde joven tocó con figuras centrales del bebop y hard bop, entre ellas Miles Davis, Thelonious Monk, Max Roach y Clifford Brown. Su estilo combinó potencia, humor, riesgo melódico y una capacidad singular para transformar temas populares en largas exploraciones improvisadas.

A diferencia de artistas que fijan una fórmula y la repiten, Rollins hizo de la experimentación una ética. Incluso en la cima de su fama se retiró temporalmente de los escenarios para estudiar, practicar y replantear su lenguaje. Ese gesto lo convirtió en referente de disciplina artística y honestidad creativa.

Una influencia que cruzó generaciones

Su obra influyó en saxofonistas, compositores y melómanos de distintos países. En México, donde el jazz mantiene circuitos de festivales, escuelas y clubes, su legado forma parte de la educación musical de intérpretes que ven en Rollins una lección de libertad con estructura.

Discos como Way Out West, Freedom Suite y The Bridge muestran etapas distintas de su pensamiento musical. En ellos se escucha a un creador capaz de dialogar con tradición, blues, calipso, estándares y búsquedas más abstractas sin perder identidad.

Despedida a una era

Rollins llevaba retirado de los escenarios desde 2014 por problemas respiratorios, pero su figura seguía activa en la conversación cultural. Su muerte ocurre en un momento simbólico para el jazz, cerca de conmemoraciones de otros gigantes del siglo XX.

La noticia no solo despide a un músico. Despide una manera de entender el arte como práctica diaria, duda permanente y conversación con el presente. Para quienes escuchan jazz, el saxofón de Rollins seguirá funcionando como brújula: libertad, precisión y riesgo en una misma respiración.

Su influencia también se percibe fuera de los círculos especializados. Bandas sonoras, escuelas de música, festivales universitarios y coleccionistas de vinilos mantienen vivo un repertorio que se escucha como historia cultural, pero también como música actual. Rollins nunca quedó reducido a museo.

La despedida llega con una certeza: sus solos seguirán enseñando a escuchar. En tiempos de música rápida y algoritmos, su obra recuerda que la improvisación exige paciencia, memoria y una atención absoluta al instante.

Para nuevas generaciones, acercarse a Rollins puede ser una puerta de entrada al jazz sin solemnidad excesiva. Su música tiene inteligencia, pero también juego, energía callejera y una libertad que permite entender por qué el género sigue vivo.

Fuente: La Jornada, El País, AP y Cadena SER.