Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Mantener actividad física con acompañamiento profesional puede ayudar a las personas mayores a conservar fuerza, equilibrio y autonomía, señalaron especialistas consultados en el marco del Día Nacional de las Personas Mayores. El mensaje no es una receta única: cada rutina debe considerar edad, movilidad, enfermedades previas y recomendaciones médicas.
La fuerza también es salud
La pérdida gradual de masa muscular comienza desde la adultez y puede acelerarse con el sedentarismo, cambios hormonales y otros factores. La reducción de fuerza afecta la marcha, la capacidad de subir escaleras y el equilibrio. Por ello, los ejercicios de resistencia, junto con actividad cardiovascular adecuada, son parte de una estrategia para prevenir caídas y conservar independencia en la vida diaria.
Especialistas citados por La Jornada explicaron que una masa muscular suficiente, especialmente en piernas y glúteos, contribuye a responder mejor ante un tropiezo o resbalón. Las caídas pueden tener consecuencias graves, en particular cuando derivan en fracturas. El objetivo del movimiento no es cumplir una marca estética, sino sostener funciones esenciales: caminar con seguridad, levantarse de una silla, cargar objetos ligeros y participar en actividades familiares y comunitarias.
Empezar de manera segura
Una persona que ha permanecido inactiva no necesita iniciar con rutinas intensas. Caminar, realizar ejercicios de movilidad, trabajar equilibrio con apoyo y hacer movimientos de fuerza supervisados pueden ser opciones iniciales. La progresión debe ser gradual y cualquier dolor intenso, falta de aire inusual, mareo o malestar requiere detenerse y buscar orientación profesional.
El acompañamiento es importante cuando existen enfermedades cardiovasculares, diabetes, osteoporosis, lesiones previas o tratamientos médicos en curso. Un profesional de la salud puede valorar las condiciones generales y un entrenador capacitado puede adaptar la carga, la técnica y los descansos. La seguridad depende también del espacio: calzado estable, superficies sin obstáculos, hidratación y una iluminación adecuada reducen riesgos evitables.
Beneficios que van más allá del cuerpo
La actividad física regular se relaciona con movilidad, control metabólico y bienestar emocional. También puede favorecer la convivencia. Para muchas personas mayores, asistir a un grupo de caminata, una clase o un gimnasio se convierte en una oportunidad para crear redes, mantener horarios y compartir objetivos. Esa dimensión social puede ayudar a sostener el hábito, especialmente cuando la motivación disminuye.
La alimentación, el descanso y los controles de salud complementan el ejercicio. Ningún entrenamiento sustituye una consulta médica ni compensa por sí solo una enfermedad sin atención, pero el movimiento adaptado es una herramienta útil para una vida más activa. La recomendación general es evitar el inmovilismo prolongado y buscar actividades que resulten agradables y realistas.
En Chiapas, donde las condiciones de acceso a servicios y espacios seguros son distintas entre comunidades, las alternativas pueden incluir caminatas acompañadas, ejercicios en casa o actividades en centros comunitarios. Lo importante es construir una rutina sostenible y ajustada a cada persona.
La constancia es más importante que la intensidad aislada. Registrar avances sencillos, alternar ejercicios y compartir la rutina con familiares o amistades puede facilitar la continuidad. Ante cualquier duda, la mejor decisión es consultar al personal de salud y ajustar el plan sin prisa.
Fuentes: La Jornada.









