El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, aseguró que los homicidios dolosos en México ya se redujeron a la mitad durante el gobierno de Claudia Sheinbaum. El anuncio fue presentado como uno de los principales resultados de la estrategia federal de seguridad, centrada en coordinación, inteligencia y despliegue territorial.
El dato y su lectura política
La cifra llega en un momento delicado para el gobierno federal, marcado por crisis de violencia en entidades como Sinaloa y Chihuahua, además de presiones de Estados Unidos para intensificar la cooperación contra organizaciones criminales. En ese contexto, el mensaje oficial busca demostrar que la estrategia produce resultados medibles y que la seguridad sigue siendo prioridad nacional.
El homicidio doloso es uno de los indicadores más observados porque permite medir, con menos margen de interpretación que otros delitos, el nivel de violencia letal. Sin embargo, especialistas suelen advertir que una reducción nacional no siempre refleja lo que ocurre en cada territorio. Algunas regiones pueden mejorar mientras otras enfrentan repuntes o disputas locales.
Qué significa para estados como Chiapas
Chiapas vive una realidad particular: violencia en zonas fronterizas, desapariciones, presencia de grupos armados en ciertas regiones, presión migratoria y conflictos comunitarios. Por eso, una caída nacional de homicidios debe contrastarse con datos estatales, carpetas de investigación, percepción ciudadana y capacidad de respuesta institucional.
En municipios donde la población reporta retenes, amenazas o desplazamientos, la seguridad se mide no solo por homicidios, sino por movilidad, acceso a servicios, confianza en policías y posibilidad de denunciar sin represalias. La estadística nacional puede ser positiva, pero necesita aterrizarse en diagnósticos regionales.
El reto de sostener la tendencia
El gobierno federal atribuye el resultado a mayor coordinación entre fuerzas de seguridad, inteligencia financiera y operativos focalizados. La prueba de fondo será sostener la baja sin depender únicamente de detenciones espectaculares. Reducir homicidios también exige fortalecer fiscalías, prevenir reclutamiento criminal y proteger comunidades vulnerables.
El anuncio de Harfuch abre una ventana de evaluación. Si la tendencia se confirma con datos consistentes, será un avance relevante; si se concentra en ciertas regiones, el reto será evitar que la violencia se desplace. Para Chiapas, la clave está en que las cifras nacionales se traduzcan en tranquilidad cotidiana.
La discusión también debe considerar otros delitos que afectan la vida diaria: extorsión, desaparición, robo con violencia, violencia familiar y desplazamiento forzado. Una reducción de homicidios puede coexistir con miedo social si la población percibe que denunciar no sirve o que las autoridades no llegan a tiempo.
Por eso, el dato nacional debe abrir preguntas, no cerrarlas. ¿Dónde bajaron los homicidios? ¿Qué municipios siguen en alerta? ¿Qué políticas se pueden replicar? La seguridad pública se vuelve creíble cuando los números coinciden con la experiencia de las comunidades.
Fuente: El País, El Heraldo de México, La Jornada y Secretaría de Seguridad.









