9 de junio de 2026

Voceadores de Tuxtla resisten ante celulares y caída del periódico impreso

Los voceadores de Tuxtla Gutiérrez resisten en un oficio que se reduce cada vez más por el avance del celular, las redes sociales y la caída del periódico impreso. En la capital chiapaneca sobreviven apenas algunos vendedores históricos que todavía reciben diarios, los ofrecen en puntos tradicionales y sostienen una actividad que durante décadas fue parte de la vida urbana.

La escena revela un cambio cultural profundo. Antes, el periódico impreso organizaba rutinas: se compraba al salir al trabajo, en cafeterías, mercados, terminales o esquinas conocidas. Hoy, muchas personas leen titulares en pantalla y consumen información fragmentada durante el día. El voceador quedó entre dos épocas: una que dependía del papel y otra que se mueve a velocidad digital.

Un oficio con memoria de ciudad

Los voceadores no solo vendían periódicos. También conocían barrios, rutas, clientes, horarios y conversaciones. Eran intermediarios entre la noticia y la calle. Su presencia ayudaba a que la información circulara en espacios públicos, especialmente entre lectores que no tenían acceso inmediato a otros medios.

La reducción del oficio tiene causas económicas y tecnológicas. Menos tiraje significa menos ejemplares para vender; menos lectores implica menores ingresos; y la competencia digital cambia los hábitos de consumo. Aun así, quienes continúan lo hacen por experiencia, necesidad y apego a una actividad que forma parte de su identidad.

Del papel a la pantalla

La transformación no significa que la información pierda valor, sino que cambia su soporte. El riesgo es que, al desaparecer oficios como el de voceador, también se pierdan formas de convivencia urbana. Comprar el periódico era una interacción breve, pero concreta: saludo, recomendación, comentario sobre la nota del día.

Para Tuxtla, conservar la memoria de estos trabajadores importa. Son testigos de la ciudad, de sus cambios políticos, sociales y comerciales. Aunque el futuro de la información sea digital, reconocer a los voceadores permite entender cómo se construyó durante años la relación entre prensa y ciudadanía. Su resistencia es también una historia de trabajo, adaptación y permanencia.

El oficio también plantea una pregunta sobre el acceso a la información. No todas las personas consumen noticias en redes ni confían en los mismos canales digitales. Para algunos lectores mayores, el periódico impreso sigue siendo una rutina de confianza, lectura pausada y conversación. Ahí los voceadores mantienen una función que todavía no desaparece por completo.

Documentar sus historias ayuda a no perder una parte de la memoria urbana. Cada puesto, ruta y vendedor guarda anécdotas sobre elecciones, crisis, celebraciones y cambios de la capital chiapaneca. Cuando un oficio se reduce, también se pierde una forma de contar la ciudad.

Fuente: El Heraldo de Chiapas