Caracas. Venezuela entró este martes en una fase crítica de la emergencia provocada por los terremotos de la semana pasada. A seis días del doble sismo que golpeó el norte del país, las labores de rescate continúan, pero la atención internacional se concentra ahora en el deterioro sanitario, la falta de refugios y la presión sobre hospitales dañados.
El balance más reciente citado por medios internacionales reporta más de mil 700 personas fallecidas y más de cinco mil heridas, aunque las cifras podrían cambiar conforme avancen los trabajos en zonas colapsadas. La Guaira permanece como uno de los puntos más afectados, con viviendas destruidas, familias desplazadas y comunidades que reclaman mayor presencia de maquinaria y ayuda organizada.
Hospitales bajo presión
La Organización Mundial de la Salud y trabajadores humanitarios han advertido que el sistema sanitario venezolano enfrenta una carga extrema. Varios hospitales presentan daños, algunos operan parcialmente y otros tienen servicios saturados por la llegada de lesionados, personas con enfermedades previas y familias sin acceso regular a agua, alimentos o medicamentos.
El riesgo ya no se limita a los heridos por derrumbes. En refugios improvisados y zonas sin servicios básicos crece la preocupación por enfermedades infecciosas, problemas respiratorios, brotes de dengue u otros padecimientos asociados al hacinamiento y a la falta de saneamiento. Para miles de personas, dormir en autos, parques o estructuras dañadas se ha convertido en una salida temporal mientras esperan una respuesta más estable.
Rescate y ayuda internacional
Equipos de distintos países participan en la búsqueda de sobrevivientes, mientras organismos de Naciones Unidas han advertido sobre el rápido deterioro de la situación humanitaria. La ayuda internacional incluye suministros médicos, alimentos, personal de rescate y apoyo logístico, pero la magnitud de los daños complica la distribución en comunidades alejadas o con caminos bloqueados.
La emergencia también expone la fragilidad acumulada de Venezuela. Un desastre natural de esta dimensión golpea a un país que ya arrastraba problemas de infraestructura, servicios públicos irregulares y un sistema de salud debilitado. Por eso, cada retraso en atención, agua potable o refugio puede traducirse en una segunda crisis, menos visible que los derrumbes, pero igualmente peligrosa.
El desafío inmediato será mantener las búsquedas donde aún haya posibilidad de vida, atender a los heridos y garantizar condiciones básicas para los desplazados. Después vendrá una reconstrucción larga, con preguntas sobre vivienda, seguridad, hospitales y responsabilidad institucional. Venezuela enfrenta una emergencia que aún no termina de medirse.
Fuentes: Infobae, AP, The Guardian.









