7 de junio de 2026

Rata de monte en Oxchuc: tradición alimentaria que sigue viva

En Oxchuc, la rata de monte forma parte de una tradición alimentaria que combina caza local, memoria comunitaria y celebraciones familiares. Su consumo, especialmente en fechas como Día de Muertos, se mantiene como práctica cultural en algunas comunidades donde este animal es valorado por su limpieza, sabor y aporte alimenticio.

La costumbre puede resultar extraña para quienes no conocen la región, pero dentro de las comunidades tiene una lógica propia. La alimentación tradicional no se define solo por ingredientes, sino por territorio, temporada, técnicas de preparación y significados compartidos. En ese marco, la rata de monte no se entiende como improvisación, sino como parte de un repertorio culinario heredado.

Identidad y cocina comunitaria

En distintas regiones de Chiapas, la comida funciona como archivo vivo. Platillos, bebidas e ingredientes cuentan historias de adaptación al entorno. Oxchuc, con fuerte identidad tseltal, conserva prácticas donde la relación con el monte y la producción local sigue siendo relevante. La caza, cuando se realiza de manera controlada y tradicional, forma parte de ese vínculo con el territorio.

El consumo de este alimento también se asocia con convivencia. Prepararlo para una festividad o reunión implica conocimiento familiar: cómo limpiarlo, sazonarlo, cocinarlo y compartirlo. En muchas culturas, lo que se come en fechas importantes refuerza pertenencia y diferencia frente a otras comunidades.

Tradición bajo nuevas preguntas

La permanencia de estas prácticas también abre debates sobre salud, conservación y regulación. Toda tradición alimentaria debe observar condiciones de higiene y equilibrio ambiental. Preservar una costumbre no significa ignorar riesgos; significa documentarla, entenderla y adaptar cuidados sin despojarla de sentido.

Para la vida y estilo en Chiapas, el tema muestra la diversidad gastronómica del estado. No todo cabe en los platillos más turísticos. Hay alimentos comunitarios que explican formas de vivir, celebrar y recordar. La rata de monte en Oxchuc es una de esas expresiones: puede generar sorpresa, pero también revela una cocina profundamente conectada con territorio, historia y comunidad.

La difusión de este tipo de historias debe hacerse con respeto cultural. Presentar una práctica comunitaria como curiosidad exótica reduce su valor y puede alimentar prejuicios. Entenderla exige escuchar a quienes la conservan, conocer sus formas de preparación y reconocer que la gastronomía chiapaneca es mucho más amplia que los productos visibles en restaurantes o ferias turísticas.

También hay una oportunidad de documentación. Cocineras, familias y autoridades comunitarias pueden preservar recetas, técnicas y relatos asociados a este alimento para que las nuevas generaciones decidan cómo continuar la tradición. En tiempos de homogeneización alimentaria, estos saberes locales ayudan a mantener identidad y memoria en los pueblos de los Altos de Chiapas.

Fuente: El Heraldo de Chiapas