Trump insiste en hacerse con Groenlandia; Dinamarca reitera que no cederá la soberanía de la isla. Mientras Estados Unidos esgrime la necesidad de proteger el territorio frente a Rusia y China, Copenhague reconoce las preocupaciones de seguridad en el Ártico, pero cuestiona su urgencia y ha anunciado un refuerzo de su presencia militar en la isla.
El pulso entre ambos gobiernos se explica por el valor estratégico del territorio en la agenda de Trump. Groenlandia se sitúa en una de las rutas que previsiblemente recorrerían los misiles intercontinentales en un hipotético conflicto entre Rusia y Estados Unidos. “Está claro que el presidente tiene el deseo de conquistar Groenlandia”, afirmó el ministro de Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, tras la última reunión con Washington. El republicano, por su parte, ha calificado como “inaceptable” cualquier desenlace que no pase por la anexión.
Estados Unidos ya mantiene presencia militar permanente en la isla a través de la base de Pituffik, activa desde la Segunda Guerra Mundial. Hoy alberga unos 150 efectivos, aunque durante la Guerra Fría llegó a concentrar a miles de soldados. El control de este enclave sería además clave en el despliegue del escudo antimisiles con el que Trump aspira a proteger el territorio estadounidense y que quiere tener operativo en 2028.
Al valor estratégico de Groenlandia en caso de una escalada bélica se suma su atractivo para el despliegue de nuevas rutas comerciales a través del Ártico.
Groenlandia es la segunda isla más grande del mundo. Está en una posición privilegiada para la navegación en el Círculo Polar Ártico y en pocos años podría convertirse en la ruta más corta entre Europa y Asia.
El conflicto no solo afecta a Dinamarca. Son 10 los países que tienen aguas territoriales y zonas económicas exclusivas en el Polo Norte. Los estados árticos buscan aumentar su influencia una vez que el hielo retroceda.
El área cubierta por el hielo actualmente está abierta a todos los estados, y su pertenencia se disputa entre EE UU, Rusia, Canadá, Dinamarca y Noruega.
Además de su localización, otro atractivo de Groenlandia son sus recursos naturales. La isla es rica en minerales cada vez más demandados para nuevos usos tecnológicos, como el litio, el níquel, el cobalto y el cobre, usados, entre otros, en la fabricación de baterías eléctricas. La isla también cuenta con reservas de tierras raras, útiles, por ejemplo, para la producción de imanes permanentes, y que ahora mismo están controlados por China, que suministra el 90% global.
Además, el calentamiento global multiplica el atractivo de la explotación de estos recursos, al igual que ocurría con las rutas marítimas.
Conforme la temperatura asciende, y los hielos se funden, la extracción minera y petrolífera se puede facilitar. Según datos del Sea Ice Index, desde 1980 la extensión de hielo ártico se ha reducido un 13% en invierno y un 40% en verano.
(Con información de El País)









